PARA TENTAR LA FELICIDAD.


Reflexión de Víctor Manuel Cáceres

Plenitud

Plenitud

Compartimos el hogar con gusto si vienes con el corazón y la mente abiertas a aportar algo de la experiencia y de las reflexiones de tu humanidad. Compartir, no atacar, no oponer. Aportar, crecer, enriquecer. Diversidad, matices, posibilidades infinitas, tolerancia… Comprensión por sobre todas las cosas.

Las expresiones sinceras y que tienden a llevarnos a un estadio de conocimiento y comprensión, son las que te ayudan a vivir con menos cargas y a liberarte de aquello que no vale la pena. No se puede ocultar lo que el corazón siente, ni vivir fingiendo cosas que no son. Aceptarse a uno mismo sin miedo, con las bendiciones y los obstáculos que ello implique. No debes perderte en las dudas y ni en las palabras de los demás que normalmente no toman en cuenta ni tus decisiones ni tus luchas, que ven el espectáculo desde afuera e intimamente no han llegado a conocerte.

Cuando vayas por el camino mucha gente hablará. No serán los perros del que habla el Quijote, aquellos protegen su territorio y advierten del que pasa, serán sí los que nunca arriesgaron nada por temor o por comodidad.

Sacrificarse es de aquellos que tienen la convicción y la fe para llevar a su vida hasta la cumbre bajo el peligros de las pérdidas o la triste posibilidad de no llegar nunca. Puedes decir: “Alguna vez me animé a subir hasta lo alto, y viví esa aventura tan plena y me di por satisfecho, y crecí en cada tramo del trayecto, y maduré y dejé a lo lejos las palabras de los necios y de los cobardes, allá en el fondo donde la montaña comienza a elevarse… Me arriesgué, supe ser feliz y aprendí la sabiduría del camino.”

La felicidad no es solo la ausencia del dolor, es la presencia de la plenitud, es el momento donde uno se encuentra realizado con uno mismo y con los demás y ninguna duda, ni temor, ni cosa ajena a la voluntad atentan contra ese sentimiento de bienestar.

Nos apegamos demasiado hacia aquello que nos destruye y no nos hace felices, a veces pareciera que debieramos depender del dolor o la desgracia para sentirnos vivos y nuestros actos, lejos de la aprobación de la conciencia, siempre pretenden llevarnos por el camino del antojo, de las pasiones sin fundamento, de la insustancialidad caprichosa que no nos llena como seres humanos ni nos realiza. 

Hacemos malas elecciones, culpamos a las circunstancias y al mundo, y tendemos a victimizarnos cuando somos dueños de nuestro propio destino realmente.

No lo compliquemos, el camino es recto y no tiene atajos. Tomar atajos o decisiones que aparentemente allanaran el camino te conducirán a nada. La felicidad es sencilla solo tienes, que valorar, comprender y aprender aquella sencillez que se esconde más allá del ruido y la vanidad del mundo.

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